Camín de la Medera

Sábado, 18 de Junio de 2011

Descripción Marcha: El Camín de la Madera en los Lagos de Covadonga.

Hora de salida: 06.45 horas en Correos. A continución Salesport y a la 7.00 horas del Parque de la Vaca, frente a Teka.
 
Dificultad: Media. Transitaremos por camperas y senderos de montaña poco complicados, aunque algún tramo esté algo deteriorado por el paso del tiempo y falta de uso.
Duración de la marcha: Unas seis horas 
Desnivel: Unos 500 m.
 
La ruta comienza y acaba en el aparcamiento de Buferrera junto al lago Enol.
 
Atravesaremos toda la Vega de Enol, 1100 m., hasta la zona conocida por Pandecarmen. Poco más adelante cruzaremos el rio Pomperi por cerca del Pozo del Alemán, lugar donde se bañaba R. Frasinelli, conocido como el “alemán de Corao”.
 
Atravesaremos la zona de pastizal llamada Llanos del Burdio y nos introducimos en el Monte la Cerezal por un sendero tallado en la roca que no es otro que el llamado Camín de la madera.
 
El hayedo por el que discurre el sendero es tan inclinado que parece imposible su tránsito, pero lo cierto es que el trazado es una maravilla de ingeniería que permite caminar sin peligro a caer.
 
Así llegamos a un punto del bosque, a aprox. 1150 m., en el que el camino desciende bruscamente unos 80 m. y se estropea el piso por las riadas y caídas de árboles.
 
Rodea los verticales muros y se vuelve a estabilizar recuperando calidad. Tras varias vueltas y revueltas, llegamos a una zona casi llana donde acaba el hayedo. Nos asomamos a los precipicios del collado de los Cabritales, 1050 m., dando vista a la sierra de Amieva. Este paraje es, según algunos, el “Machu Pichu asturiano” por la frondosidad de sus montes y la profundidad de sus barrancos.
 
Yo creo que a tanto no llega, pero es verdaderamente espectacular.
 
Continuamos la marcha, esta vez volviendo sobre nuestros pasos y tomando un sendero que, en veinte minutos, nos lleva a pisar de nuevo el verde de las camperas de la Vega de Ciarda por la que subimos a la Vega la Rondiellina y a la parte alta de los Gurbiñales.
 
Con las cumbres del Cornión a la vista, atravesaremos el cordal por terreno ondulante oscilando entre los 1350 y los 1450 m. 
 
Primero descendemos a la Vega las Pozas y después remontamos hasta la majada de las Fuentes para finalmente descender por el interesante sedo de la Cuenye los Pavos hasta la Vega Canraso.
 
Tras pasar por la bucólica majada de Vega la Piedra, retornamos a la Vega de Enol y al autobús que nos esperará en el Parking de Buferrera.
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EL CAMIN DE LA MADERA.
 
El Camín de la Madera fue construido en los años 1957 y 1958 por la sociedad formada por Francisco Martínez, «el Casín de Corao», y Prisciliano Alonso Muñiz, con el fin de explotar la madera existente en el Jaedo de Ciarda. 
 
En su construcción intervinieron José María Cayón, de Cabuerniga, como encargado de caminos; Quintín, «el Casín de Torrelavega», como encargado de montes; Manuel Pando Diego, barrenista de primera; los obreros fueron Marceliano y Rodrigo Labra y Manuel Piney, de Teleña, Alfredo Vega y Celestino Echevarría, de Labra, Arturo de Diego, de San Martín de Grazanes, Puente de Cardes y los hermanos Pedro y José de Camarmeña. 
 
Los Serrones, Vitorio, de Caín y Manuel Martínez, de Cordiñanes, entre otros, dormían en la chabola del Jaedo sobre hierba seca y con mantas.
 
Los restos de madera se aprovechaban para hacer madreñes. Los madreñeros, oriundos de Ardisana e instalados en Cangas de Onís, donde tenía la fábrica de madreñas Pedro Cagigal, habilitaron una caseta a mitad de camino de la que sacaban las madreñas sin terminar para después transportarlas en burro. Manuel Piney era el encargado de portear con su burra los suministros que subía el camión de la mina hasta Comeya y desde allí, por medio del cable, se llevaba hasta los lavaderos. Manuel Puente, de Llenín, fue el cocinero; se comía en la cabaña Piney sita en la Vega la Piedra. 
 
A la caída del sol, cada trabajador bajaba a Vega la Piedra una carga de leña para la cocina. Cuando se terminó la obra, los serrones sacaron del Jaedo de Ciarda la madera ya cortada en tablones y arrastrados por caballerías.
 
 

Crónica de la marcha: El Camín de la Madera: Lago de Enol – Collado de los Cabritales – Lago Enol. (18/6/2011)

Os dejamos un nuevo relato, de nuestro cronista oficial Alfredo López, de la marcha del pasado sábado. Muchas gracias y nuestra felicitación por esfuerzo. 

 
Largo trayecto en una mañana primaveral de tiempo incierto. Ameno viaje, hasta Cangas de Onís, del reducido grupo de excursionistas para completar una marcha más del calendario del club. Esta vez nos dirigimos, por segunda vez, a tierras de la Comunidad Asturiana, con el triple objetivo de caminar, admirar el paisaje y disfrutar de alegre y divertida compañía.
 
En los últimos kilómetros de autobús, dejamos atrás el Santuario de la “Santina” y circulamos por un frondoso paraje para hacer la dura y emblemática subida a los Lagos de Covadonga, donde se dan cita el pelotón, en la Vuelta ciclista a España, y numerosos cicloturistas, ansiosos de emociones con la intención de emular las gestas de sus ídolos del pedal. 
 
Ascendemos por la Huesera y el mirador de la Reina, hasta divisar el primer lago. Terminada la ascensión, nubes colgadas en el aire, que descansan besando las lejanas montañas, y verdes laderas son el panorama que se ofrece a nuestras miradas. Hermosas vistas que, con admiración, contemplan nuestros ojos. Aparcamos y nos preparamos para partir; en esta ocasión somos 18 valientes. Entre bromas, idas y venidas, posamos para Sotres antes de iniciar la marcha en las estribaciones del lago Enol. 
 
Primeros pasos con viento muy frío del Oeste. Es pronto; el rocío aún permanece en la hierba que pisamos. Vamos por una estrecha y húmeda senda que bordea la amplia laguna. Seguimos por Vega la Cueva, contemplando en un montículo un altar de piedra. Breve parada con diversos comentarios. Aire fresco y tímidos rayos de sol a algo más de 1.000 m. de altitud. Caminamos admirando el contraste de cortos helechos, escasos árboles y diversas formaciones de piedra.
 
El viento agita con fuerza las copas de los árboles y nosotros seguimos adelante entre rocas y matorrales. Van quedando atrás las verdosas aguas con chispeantes reflejos solares en su superficie. Las praderas aparecen luminosas con colorido sin igual, debido a la luz solar matutina. En los primeros kilómetros cruzamos un arroyo y enfilamos una subida, internándonos en un hayedo con abundante y tupido musgo en la umbría. Nos adentramos y avanzamos entre hayas con la sensación de retroceder en el tiempo, ante la exuberante vegetación. 
 
El camino se estrecha; a los lados: cardos, helechos, espinos y cumbres de piedra. Al salir al claro divisamos el mirador del Rey, con espesas laderas boscosas debajo. Va despejando el cielo y subiendo la temperatura ambiente. Julio y sus recuerdos quedaron atrás y el grupo esperó paciente su regreso. ¡Qué susto! Seguimos con cierta dificultad y muy atentos por un tortuoso y embarrado lugar. Llegamos a Vega de los Corrales entre gruesas hayas, con troncos de caprichosas formas en su arranque del fértil suelo. El olor a humedad es intenso. Bajamos levemente para pronto ascender hasta un lugar de ensueño: El Collado de los Cabritales.
 
Desde allí adivinamos el desfiladero del río Dobra y contemplamos el macizo de Amieba, un magnífico y espectacular roquedo. A lo lejos, los picos de Tiatordos, Recuencu y Maciéndome, nos señala Tomás. Unas excepcionales vistas con grises, verdes y el rutilante azul del cielo. “A esto lo llaman el Machu Pichu de Asturias”, apunta Sotres. Breve descanso para reponer energías y disfrutar de mirar, hablar, pensar e imaginar. El último trayecto de ascenso fue costoso, pero resultó ameno. Nos detenemos en un risco oteando los alrededores; buscamos un sitio apropiado para el almuerzo. El lugar elegido es ideal, al sur; protegidos de la fresca brisa que sopla del Noroeste. 
 
Viandas, palabras, sonrisas y breves silencios. Tragos de vino saboreando los alimentos, compartiendo buenos momentos con sol y calor humano. Estamos a 1.345 m. de altura. Abajo, a nuestros pies, el Lago Enol. Al fondo, frente a nosotros, pastan los rebecos, moviéndose libremente entre las rocosas brañas cercanas. Por encima de ellas, altas cumbres con neveros residuales y, rodeando a la Peña Santa María Enol, crestas y aristas de picudas y jóvenes montañas con blanquecina piedra, donde apenas crecen las plantas.
 
Tras la comida ascendemos de nuevo. A nuestro paso rocas y más rocas, y plantas con flores amarillas. En materia de “Flora”, y en otras cosas, echamos en falta a Nieves; ausente por alegre motivo: “Ha llegado un nuevo nieto”. Algunos animales sueltos comen la escasa, rica y fresca hierba. A tanta altura predominan las pétreas montañas y escasean las praderas. Dejamos atrás un cuidado refugio a la sombra de dos vistosos y hermosos árboles y, en un vertiginoso descenso, llegamos a un extenso pastizal, salpicado de enormes pedruscos y pequeñas cabañas para albergarse los pastores. Un bucólico e idílico emplazamiento donde se percibe paz y recogimiento, y el ganado pace mansamente.
 
Cruzamos el último río de montaña por un rústico puente y bebemos agua de una fuente aledaña. En el frontal, por encima del pilón, hay una placa conmemorativa del pueblo de Corao dedicada a Roberto Frassinelli, un ecologista y gran entusiasta de la vida que recaló en estos lares a finales del siglo XX. Va terminando la caminata, ahora bajo un cielo gris plagado de nubes. Volvemos a la pista de la que partimos desandando los kilómetros postreros. 
 
Son casi las seis de la tarde. El día transcurrió lentamente por tierras de Asturias, contemplando paisajes de ensueño. Una marcha intensa, con ambiente sano y divertido, plena de vivencias personales y enriquecedor bagaje, al acumular nuevas experiencias.
 
Reposado regreso a Cantabria con diálogos y diversos pensamientos. 
 
Este escrito va dedicado a Fredo, veterano, curtido y paciente excursionista, y a Rafa y Carlos, dos jóvenes universitarios ávidos de emociones y savia joven para el club, con los que compartí gran parte del recorrido.
 
Feliz verano a todos los socios y simpatizantes del club: “Peñas Arriba”. Alfredo López